Qué desubicadas estas feminazis mostrando las tetas… o ¿quizás no?

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Existen abusos obvios y terribles, como una matanza o una violación.

También existen aquellos abusos que son más pequeños. O, más que pequeños, abusos normalizados, es decir, se ven como parte de la vida, no como abuso.

Estos abusos más pequeños o normalizados (que no se ven como abusos), no se sienten terribles. De hecho, si escucháramos a una persona quejarse de que le cae una gota de agua en la frente, podríamos pensar que es exagerada, que tiene un problema psicológico o que está bromeando. Pero ocurre que una gota de agua en la frente, cada 5 segundos, con la cabeza inmovilizada, se transforma en la terrible tortura conocida como “Gota China”: después de algunas horas, la gota lacera la piel. Luego, el no poder dormir te empieza a volver loco, al igual que tener tanta sed y no poder beber. El resultado: a los pocos días, sobreviene la muerte por paro cardíaco.

Un gran evento traumático, puede ser tan terrible y difícil como miles de pequeños eventos constantes, enfocados en la misma área.

Estos abusos normalizados (que repito, no se sienten conscientemente como abusos), tienen 2 características tremendamente canallas: la transparencia y la acumulación.

TRANSPARENCIA

Dado que están normalizados, no los ves como abusos (pero aún así generan malestar). Como no las ves, no puedes actuar sobre ellos ni resolverlos. Como no puedes resolverlos, atribuyes los problemas que estos “pequeños” abusos te causan a otras cosas: a lo patético que eres, a que te falta algo (dinero, cariño, compañía), a que te sobra algo (la mala suerte, los kilos, los malos amigos), etc.

Resultado: Sientes un malestar constante, del que no logras definir el origen y por tanto no puedes abordar ni solucionar.

ACUMULACIÓN

Y mientras todo esto ocurre, estos “pequeños” abusos se van acumulando, así como las gotas en la frente: que te paguen un poco menos en el trabajo, que te miren de una forma inapropiada, que digan cosas de tu cuerpo, que le den más permisos a tu hermano (hombre) que a ti, que te digan un piropo subido de tono, que te agarren una nalga en la calle… ninguna de estas cosas por sí solas hacen un gran daño. Ninguna de estas cosas por sí sola, justifica salir a protestar con el torso desnudo. Pero ¿te has preguntado lo que muchos “pequeños” y constantes abusos de este tipo pueden generar en una persona (o en este caso, en una mujer)? La respuesta se resume en una palabra: explosión.

Resultado: EXPLOSIÓN

Un día, algo ocurre, y logras resignificar todas estas experiencias. Logras salir de la matrix y mirar todos estos pequeños actos del día a día por lo que son: abusos, que no tenías codificados como tales. Entonces, empiezas a mirar para atrás en tu vida y descubres que te cagaron en esto. Y en aquello. Y en esto otro también. Descubres que tu papá, al que tanto quieres, también te cagó con esto -con buena o mala intención. Y te empieza el dolor y la rabia. “¿Cómo no lo vi antes?”, “¿Cómo aguanté tanto tiempo?”, “¿Cómo fui tan tonta?”. Pensar, recordar y resignificar esto te resulta doloroso. No quieres seguir mirando a tu pasado por que vas descubriendo cada vez más y más que te cagaron en muchas cosas. Pero no puedes evitarlo. Y recuerdas que tu mamá -que es de tu mismo género- también te cagó. Y tu profesor también. Y tus compañeros del colegio, de la universidad o del trabajo también… Mientras más miras y recuerdas, más comienzas a sentir los abusos que no sabías que lo eran, todos de una sola vez.

¿Cuál es la respuesta natural y normal ante este proceso?

Hay varias respuestas. Pero a parte de la indignación, la rabia y la impotencia, podríamos decir, que otra de las reacciones normales, es salir a marchar con las tetas al aire.

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